
¿Qué pasó con Sarahí Campos Arizmendi? La tarde del 18 de diciembre se tiñó de tragedia en Acapulco, Guerrero, cuando Sarahí Campos Arizmendi, de 42 años y originaria de Sonora, perdió la vida en la vía pública, a escasos metros de la Unidad Médica de Hogar Moderno. Su muerte ha desatado una ola de cuestionamientos sobre la eficacia y humanidad de los protocolos de atención sanitaria en el estado.
De acuerdo con reportes confirmados por autoridades y diversos medios, Campos Arizmendi llegó a la unidad médica con presuntos síntomas de tuberculosis. Sin embargo, no recibió la asistencia esperada. Se le habría indicado que debía trasladarse al Hospital General de El Quemado, un centro que, supuestamente, cuenta con el equipo y los protocolos especializados para el tratamiento de este padecimiento.
Tras retirarse de la unidad, el estado de salud de Sarahí Campos se deterioró rápidamente. Minutos después, se desplomó inconsciente en las inmediaciones. Vecinos de la zona, conmocionados, alertaron a las autoridades. A la llegada de los elementos de emergencia, la mujer ya no presentaba signos vitales, consumando un desenlace fatal que pudo haberse evitado.
La muerte de Sarahí Campos Arizmendi no solo ha generado indignación, sino que también ha puesto bajo el foco las limitaciones y deficiencias del sistema de salud en Acapulco y, por extensión, en Guerrero. La falta de atención oportuna para una paciente con una enfermedad infecciosa como la tuberculosis subraya la necesidad urgente de revisar los protocolos de emergencia y la capacidad de respuesta de los centros médicos.
Hasta el momento, las autoridades locales no han informado si se iniciará una investigación formal sobre el caso. Sin embargo, la opinión pública y diversos colectivos ya lo analizan como un crudo ejemplo de las falencias en la atención médica urgente. Este incidente se suma a una serie de preocupaciones sobre la calidad de los servicios de salud en la región, donde otros casos, como la denuncia de negligencia en el IMSS de Chetumal o el reciente reporte de muertes por brotes de tuberculosis en prisiones internacionales, reflejan la fragilidad de la salud pública. Incluso, los hospitales de Acapulco han sido señalados por incumplir normas de residuos peligrosos, lo que añade otra capa de preocupación sobre sus condiciones operativas.
La conmoción es palpable entre los vecinos y la sociedad civil, quienes exigen claridad y responsabilidades. La muerte de una persona en la vía pública, buscando ayuda y no encontrándola, es un espejo de un sistema que, en ocasiones, falla en su misión más esencial: preservar la vida. Este caso demanda no solo una investigación exhaustiva, sino una reflexión profunda y acciones contundentes para garantizar que ninguna persona vuelva a morir por falta de atención médica.
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