
En un escenario de creciente incertidumbre política y económica en Venezuela tras la captura de Nicolás Maduro, el gigante asiático China ha elevado su voz para exigir el pago de una multimillonaria deuda que, según estimaciones, podría alcanzar entre $10 mil y $20 mil millones de dólares. Fuentes anónimas citadas por Bloomberg revelan que Pekín ha contactado a altos funcionarios de Venezuela y Estados Unidos en una campaña activa para asegurar sus intereses crediticios y económicos en el país sudamericano.
La compleja relación económica entre China y Venezuela se remonta principalmente a la era de Hugo Chávez (1999-2013). En 2007, China lanzó un ambicioso programa de préstamos respaldados por crudo, inyectando más de $60 mil millones de dólares a Caracas y convirtiéndose en su principal acreedor. El acuerdo garantizaba el pago de estas deudas mediante el envío de petróleo venezolano a precios fijos.
Sin embargo, la situación ha cambiado drásticamente. Venezuela, que dejó de publicar datos detallados de su deuda en 2017 tras incurrir en impago, ha visto cómo su economía colapsa y su producción petrolera se deteriora. Aunque en 2025 China aglutinó el 80 por ciento de las exportaciones venezolanas de petróleo, estas apenas representaron el 4 por ciento del total que el gigante asiático compró globalmente, un volumen que, según analistas, podría ser fácilmente reemplazado por otras fuentes.
Con la aprehensión de Maduro por parte de Estados Unidos, los reguladores financieros chinos han solicitado a sus principales bancos detallar su exposición a Venezuela y aumentar la supervisión de los riesgos. La intención de Pekín es clara: formar parte de cualquier futura negociación para reestructurar el pasivo venezolano y proteger sus vastas inversiones.
La condena de China a la intervención estadounidense en Venezuela y su demanda por la liberación de Maduro y su esposa, Cilia Flores, subraya la delicada posición geopolítica. Mientras tanto, el presidente estadounidense, Donald Trump, ha invitado a China y Rusia a comprar el crudo venezolano gestionado por Washington, argumentando que de no haber intervenido, ellos lo habrían hecho igualmente. Esta situación resalta la complejidad de las relaciones internacionales y el control sobre los recursos naturales. De hecho, figuras como Claudia Sheinbaum y Luiz Inácio Lula da Silva han rechazado la intervención de EE. UU. en Venezuela, mostrando el descontento regional y global ante la injerencia.
Aunque la relación entre China y Venezuela a menudo se percibe como una vasta red económica, la realidad es que, más allá del sector energético y algunas infraestructuras, la presencia china es 'menos amplia de lo que se suele contar'. Se ha centrado principalmente en la venta de material de vigilancia y orden público a Caracas, así como en la asistencia para la construcción de estaciones satelitales. La dinámica de poder se reconfigura y Washington, a través de Trump, ha enviado mensajes contundentes a los aliados de Caracas. El presidente estadounidense advirtió a Cuba sobre el fin del petróleo y dinero de Venezuela, reflejando la presión que ejerce sobre la región.
La postura firme de China para recuperar sus créditos se da en un momento crucial, donde el futuro político y económico de Venezuela pende de un hilo, y la comunidad internacional observa de cerca los movimientos de los principales actores.
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