
La cifra de fallecidos por el accidente en el tren de alta velocidad registrado ayer en la provincia de Córdoba, España, ha ascendido a 39 personas, mientras que la dimensión de la tragedia continúa en aumento. Un total de 43 heridos permanecen hospitalizados en estado de extrema gravedad, entre ellos cuatro niños, lo que incrementa la preocupación y el duelo en todo el país.
Los primeros análisis técnicos, según informaron los responsables de la red ferroviaria española, han descartado el “fallo humano” como causa principal del siniestro. Todas las investigaciones apuntan ahora a un problema en las infraestructuras o en uno de los dos trenes implicados en la colisión, un hecho que ha provocado la consternación generalizada ante el que ya es el peor accidente en la historia de la alta velocidad ferroviaria en España. Esta tragedia resalta la necesidad constante de seguridad en el transporte, un tema recurrente como se ha visto en noticias recientes, incluso en el ámbito educativo, tal como el vuelco de un autobús con estudiantes en Naranjal, Veracruz.
La posibilidad de que la “cifra de fallecidos sea más que probable que aumente”, según las palabras del presidente de la Junta de Andalucía, José Manuel Moreno Bonilla, mantiene en vilo a la nación. Este lamentable suceso ha generado, además, una profunda preocupación y reticencia entre los millones de usuarios que anualmente utilizan este sistema de transporte público para conectar importantes ciudades como Madrid, Barcelona, Sevilla, Córdoba, Málaga, Zaragoza, Santiago de Compostela y Valladolid.
El ministro de Transportes del gobierno español, el socialista Óscar Puente, compareció de urgencia para explicar que los motivos del accidente aún son desconocidos, calificándolo de “raro” debido a que el siniestro se produjo en una recta con vías prácticamente nuevas. Añadió que el tren del que se descarrilaron tres vagones, perteneciente a la compañía italiana Iryo, había sido sometido a una inspección técnica solo cuatro días antes. Por su parte, el presidente de Renfe, Álvaro Fernández, instó a evitar la especulación, señalando que “todavía es prematuro conocer las causas del descarrilamiento ferroviario, ya que se trata de un suceso complejo y poco habitual”.
Entre los pasajeros afectados se encontraba Salvador Jiménez, periodista de Radio Nacional de España (RNE), quien relató en directo la confusión inicial: “Nadie nos informa. Adif (Administrador de Infraestructuras Ferroviarias) no se ha puesto en contacto con nosotros y tienen el teléfono de todo el pasaje. Es llamativo que los pasajeros no hayamos recibido ningún mensaje pese a estar todo informatizado. Íbamos preguntando a los guardias civiles todo el camino al salir del tren ‘por dónde tenemos que ir, por dónde tenemos que ir’”.
La solidaridad vecinal fue ejemplar. Los primeros en socorrer a los damnificados fueron los residentes de la zona, quienes se organizaron de inmediato para proporcionar comida, agua y mantas. Incluso abrieron las puertas de sus hogares para alojar a aquellos que podían caminar hasta el pueblo. Posteriormente llegaron los servicios de emergencia sanitaria, la Guardia Civil, que fue la primera en desplegarse, y la Unidad de Emergencia Inmediata del Ejército español, que asiste en las complejas tareas de rescate, dada la forma en que los trenes quedaron convertidos en “auténticos amasijos de hierro”.
Los relatos de los sobrevivientes son estremecedores. Ana, una joven que viajaba con su hermana (quien se encuentra en observación), describió la escena: “había gente que estaba muy, muy mal. Los tenías delante y sabías que se te iban y no puedes hacer nada”. Rocío, otra de las heridas, compartió su angustia: “fue un caos total. Estoy ingresada en observación por los porrazos en la cabeza y los vómitos. Las costillas no las tengo rotas, solo desprendidas. Me hicieron una primera revisión los médicos en el pabellón y me enviaron al hospital. Estoy llena de dolores y moratones. Aquello fue terrible. Volamos por los aires. Gracias a Dios estoy bien, pero había muchísima gente peor que yo”. De manera similar, Inmaculada confesó: “pensaba que me moría. De pronto, el tren ha empezado a dar frenazos, ha sido todo muy fuerte y algunos asientos han salido despedidos, ha sido una locura. Voy a tardar en montarme de nuevo en un tren”.
Aunque este es el accidente más grave en la red de trenes de alta velocidad en España, el país ha sido escenario de otros siniestros ferroviarios de gran magnitud. El más recordado es el del tren Alvia en 2013, que descarriló en la localidad gallega de Angrois, provocando la muerte de 80 personas y heridas a 145. Más recientemente, el 9 de septiembre de 2016, cuatro personas perdieron la vida al descarrilar un tren que cubría la ruta Vigo-Oporto en Pontevedra. También en Vacarisses (Barcelona), el 20 de noviembre de 2018, un hombre de 36 años murió tras el descarrilamiento de un tren de la R4 de Rodalies, en un suceso que dejó además 44 heridos leves. Este trágico evento se suma a la lista de accidentes que demandan una revisión exhaustiva de la seguridad en el transporte, incluyendo el reciente accidente de una brigada de vacunación en Chiapas, que también dejó heridos.
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