Edificio J de Monte Albán: por qué está torcido a propósito
El Edificio J de Monte Albán está girado 45 grados respecto a los demás. La arqueoastronomía lo explica: apunta a la estrella Capella.
En Monte Albán casi todo está en orden. Los edificios de la Gran Plaza comparten un mismo eje, ordenados y paralelos entre sí, como si los constructores hubieran trazado la ciudad con regla y escuadra. Salvo uno. El Edificio J está girado unos 45 grados respecto a todo lo demás y tiene forma de punta de flecha. No es un error de los constructores ni un capricho: está apuntando a algo.
La estructura se levantó durante la fase conocida como Monte Albán II, aproximadamente entre el año 100 antes de nuestra era y el 200, cuando la metrópoli zapoteca vivía su expansión. Sus muros conservan más de 40 tableros grabados con glifos que los especialistas han leído como el registro de lugares y señoríos sometidos por los habitantes de la ciudad. Por su planta peculiar y su función, los arqueólogos le dieron un apodo que lo dice todo: El Observatorio.
La pista la puso sobre la mesa el astrónomo estadounidense Anthony Aveni, quien estudió las orientaciones de la zona desde los años setenta junto al arqueólogo Horst Hartung. Su cálculo apunta a una estrella: la 'flecha' señala el punto del horizonte donde Capella, una de las más brillantes del cielo nocturno, asomaba por primera vez tras semanas de viaje invisible pegada al resplandor del Sol. Ese regreso, explicaron los investigadores, funcionaba como un reloj de precisión para el calendario agrícola y ceremonial zapoteca. El edificio no estaba torcido por descuido: estaba mirando al cielo.

La hipótesis de la estrella no es la única en la mesa. Otros estudios han propuesto alineaciones con las Pléyades o con fechas clave del paso del Sol por el cenit, y el debate académico sigue abierto. Lo que casi nadie discute es que el giro fue deliberado: en una ciudad trazada con tanta disciplina, torcer un edificio de esa escala solo puede significar intención.
El contraste sigue a la vista para cualquiera que suba a la Gran Plaza: filas de basamentos rectangulares y, en medio, ese cuerpo anguloso que rompe el patrón. Monte Albán, Patrimonio de la Humanidad por la Unesco desde 1987, sigue siendo el gran imán cultural de Oaxaca, y el Edificio J una de sus postales más fotografiadas, ahora con una llave que le da sentido a su rareza.
Para quien planee la visita en los próximos días conviene revisar el pronóstico, porque Oaxaca vigila un posible ciclón en el golfo de Tehuantepec. El interés por el patrimonio tampoco es un fenómeno aislado en el sur del país: el turismo mexicano vive un buen momento, como muestra el anuncio de 10 nuevas rutas aéreas para Cancún, y los sitios arqueológicos siguen entre sus mayores imanes.