
¿Qué pasó con los desaparecidos en Yucatán? La cruda realidad golpea a decenas de hogares en Yucatán, donde el Colectivo Familias Buscadoras de Yucatán reporta que, al cierre de 2025, cerca de 300 personas continúan sin ser localizadas. Detrás de esta cifra, persiste el dolor y la incansable búsqueda de sus seres queridos.
La problemática de las desapariciones en Yucatán se agudiza, manteniéndose muchas veces fuera del radar mediático, pero impactando directamente a cientos de familias. La presidenta del colectivo, Clara María Gutiérrez Centeno, informó que solo en diciembre se registraron alrededor de 18 abuelitos extraviados, un fenómeno que genera gran preocupación entre los integrantes de la organización. 'Nosotros nos ponemos a pensar el porqué están desapareciendo los abuelitos, yo digo dónde se van o quién se los lleva, yo creo que las autoridades deben ver cada caso de los abuelitos', destacó Gutiérrez Centeno. Esta cifra, que se suma al total, subraya la vulnerabilidad de distintos segmentos de la población. La situación en la península es un reflejo de una problemática mayor, con estados vecinos enfrentando desafíos similares, como lo demuestra el hecho de que en Quintana Roo, por ejemplo, se cerró el año 2025 con casi 400 personas desaparecidas.
Para el colectivo, cada número representa una historia de vida en pausa, una familia en angustia y la ausencia que duele. Insisten en que no se trata solo de estadísticas, sino de seres humanos que anhelan regresar a sus hogares.
El Colectivo Familias Buscadoras de Yucatán se ha forjado desde la necesidad y la solidaridad. Está integrado mayoritariamente por madres, padres, hermanos y otros familiares que, ante la falta de avances en las investigaciones oficiales, decidieron unirse para brindarse apoyo mutuo y emprender sus propias labores de búsqueda.
Ahí se encontraba doña María Felipa León, quien se encuentra buscando a su hermano, quien desapareció en el municipio de Valladolid hace 7 años. Desapareció en Tzucacab, Yucatán. Lo último que supimos de él es que unas personas lo llevaron a trabajar a Valladolid, pero, pues si estuvimos buscando porque él no llevó ningún documento, solo la ropa que traía puesto, pero hasta el día de hoy no sabemos nada de él.
Además de los recorridos en campo, los miembros del colectivo realizan campañas de visibilización, difunden fichas de búsqueda y ofrecen acompañamiento emocional, convirtiendo su dolor compartido en una poderosa red de resistencia. Muchas de estas búsquedas se realizan con recursos propios y el respaldo de la ciudadanía, supliendo la limitada capacidad institucional para atender todos los casos.
A pesar de que algunos casos datan de años, las familias buscadoras mantienen la esperanza como el motor que las impulsa a seguir adelante. Para ellas, rendirse no es una opción; cada puerta tocada, cada camino recorrido y cada exigencia de justicia es un paso hacia la verdad.
También se encontraba Dianely Tah Quintal, quien se encuentra buscando a su papá, quien desapareció hace un año en montes de San Antonio Tedzidz. Se fue a una cacería junto con 18 personas más, pero él fue el único que no regresó del monte y ellos dicen que no se dieron cuenta cuando desapareció, nosotros hemos pedido ayuda porque hemos gastado mucho en fletes para entrar a ese pueblo.
Cada jornada de búsqueda representa la posibilidad de obtener una respuesta, reencontrar a su ser querido o, al menos, conocer lo que realmente sucedió. Hacen un enérgico llamado a la sociedad y a las autoridades para no normalizar las desapariciones y mantener este tema vital en la agenda pública, evitando que se repitan historias como la de aquel joven trabajador de naviera cuya desaparición se reportó en Isla Mujeres.
Las familias en Yucatán se mantienen firmes en su lucha, convencidas de que la memoria, la persistencia y la solidaridad son las claves para que ningún caso quede en el olvido.
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